Emoción, aplausos y alguna lágrima

Me propusieron en el taller de escritura creativa al que asisto que escribiera sobre un personaje y que crease un pequeño relato sobre él.
Pensé en Julián, el alma del Buñuel. No sé nada de su vida pero tampoco me importa cuando estoy con él. Me hace sentir ternura y seguridad. Es un gran compañero del teatro. Es grande y tiene una hermosa panza. Su larga barba y sus quevedos no dejan ver sus facciones. Tiene el pelo largo, en concordancia, y la cocorota pelona. ¡Ay sus manos! Son regordetas, agrietadas, llenas de vida. Viste amplias camisetas, pantalones de chándal y calcetines tobilleros. Su ordenador y su móvil forman parte de él. Me recuerda a un anacoreta bajado de recónditas montañas o quizás a un hippie trasnochado.

Estos días andamos como locos en teatro. Volvemos a estrenar “La hierba siempre volverá”, nuestra obra. Hoy le tocaba ensayar a Julián y a nuestra pequeña y gran actriz Lasha. A Julián lo vimos cansado y despistado. Cuando llegó el momento, cogió una silla, se la puso junto a la pared y respiró hondo.
Sebas, nuestro profe, le preguntó: ¿Estás bien? Él contestó: sí, claro, ¿por?
Dani, el bonachón, murmuró: ¡Es mucho papel para él!
Lo hará bien, dije yo. Y él hizo el gesto de la victoria.
A medida que avanzaba el ensayo de la obra, cada vez lo hacía mejor.
Una compi decía: Éste se ha fumado algo. Y otra respondía: ¡Qué burra eres!
Llegó el final y Lasha no aparecía. Marta, su profe, con cara de desconcierto y preocupación, nos decía: No puede ser, si he ensayado con ella. Y Eva añadía: Es la más bonica.
Cuando Marta estaba a punto del sollozo se oyó una vocecita detrás de la silla de Julián. Era Lasha: Estoy aquí, es que como está mayor, le he chivado el texto. Julián se quitó sus gafas. Pudimos ver sus hermosos ojos verdes. Hubo aplausos, alguna lágrima y comentarios.
¡Picarón! ¡Cómo nos has engañado!
Sebas, en su rol de profe serio, cogió el megáfono: A continuar, esto tiene que acabar.
Julián y Lasha se cogieron de la mano y antes de acabar, con voz clara, Lasha dijo: Esta vez seguro que Julián se sabe muy bien lo que tiene que decir.
Así acabó uno de nuestros locos y maravillosos ensayos.

Esto lo escribí antes de que representáramos de nuevo la obra. Por supuesto que Julián se supo su papel, al igual que todos mis compañeros. Fue un engranaje perfecto.
Ese día me emocioné y lloré, pero mis lágrimas eran de alegría, de orgullo y agradecimiento por pertenecer a esta gran familia teatrera.

Una vecina-actriz

Sobre la relatoría

A través del blog Enganchando los Hilos hemos ido tejiendo un relato del proceso de creación de “La hierba siempre volverá”. Nuestra intención ha sido ir contando este proceso respetando en lo posible el itinerario que iba recorriendo la propia obra aunque sabiendo que siempre avanzábamos un poco por detrás de lo que estaba sucediendo realmente. Para eso hemos seguido una ruta que comienza con la elaboración del texto o dramaturgia, continúa con la puesta en escena y tiene su etapa final en las representaciones de la obra. Y es que sabíamos también que queríamos relatar con cuidado y, para eso, teníamos que hacerlo despacio.

En relación a esto de relatar despacio, hemos aprendido bastante sobre la importancia de tener en cuenta el paso del tiempo para realizar bien un trabajo como éste. En muchas ocasiones resultaba imposible documentar algo que estaba sucediendo en ese preciso instante o bien que parecía en ese momento irrelevante, pero al pasar los días y ejercitar el recuerdo brotaba en la memoria aquello que no había podido ser anotado en su momento o que, tiempo después, aparecía como muy relevante.

Además, se nos planteaba el reto de intentar hacer al mismo tiempo dos tareas que podrían parecen incompatibles pero que pensamos que se necesitan una a la otra.
La primera era visibilizar, es decir, mostrar el proyecto hacia fuera. Sobre todo con la intención de parecer replicables, de motivar y animar a otras gentes y barrios que podrían estar pensando en emprender un proyecto de teatro comunitario.
La segunda, en cambio, era construir una mirada más interna, ir armando una visión del proceso que estuviera dirigida también hacia dentro, que facilitara el que los diferentes agentes que participamos en esta aventura pudiéramos compartir nuestras aprendizajes, valoraciones y preocupaciones. Pensamos que esto nos podría ayudar a encarnar en nuestro día a día los valores de inclusión y transformación que impulsan el teatro comunitario. Transformarnos nosotras para transformar nuestro entorno. Y viceversa.

La responsable de sacar adelante esta relatoría ha sido una de las profesionales de Atelier de Ideas S.Coop. Para su realización han sido imprescindibles una serie de textos y trabajos previos que vale la pena resaltar. Uno de ellos fue la tarea de relatoría realizada anteriormente en el proyecto del festival de danza Trayectos La Máquina de Bailar, para el que ya se citaron algunos textos previos muy enriquecedores. Sirvió también de valioso contraste y fuente de interesantes sugerencias una relatoría ajena pero realizada también en torno a un proceso teatral. Se trata del proyecto Dirty Room de Juan Domínguez y Victoria Pérez Royo. Otra guía, ética y metodológica, fue la proporcionada por las reflexiones presentadas por Atelier de Ideas S.Coop en las últimas jornadas de Sociología Ordinaria a partir de su experiencia en el proyecto Cartografía de la Vida Cotidiana de Guadalaviar (en este enlace a partir de 2:56:30). Y también, a última hora, encontramos y nos encantó la manera de relatar su proceso por parte de las responsables de la investigación altoaragonesa titulada Tócate Mucho.

Otra cuestión importante ha sido que este trabajo de relatoría ha intentado desde el principio contaminarse de la dinámica del propio del grupo, por ejemplo haciendo lo más colectiva posible cada tarea o siguiendo el criterio de enseñar sin pudor los “descosidos” de nuestra ropa.
Por eso todos los textos presentan una autoría anónima o colectiva aunque en muchos de ellos han participado o han sido escritos directamente por muchas personas del grupo como Alicia, Dani, Esperanza, Feni, Maribel, Pilar, Rosa, Virginia… a todas ellas nos gustaría mostrar desde aquí nuestra admiración y agradecimiento.

En este mismo sentido de procurar que el trabajo de la relatoría pudiera llegar a ser sentido como propio por el grupo en su conjunto, se siguió con todo rigor el criterio de nunca publicar un texto de o sobre alguien sin que esa persona o personas conocieran su versión definitiva y le dieran su visto bueno.

Todo esto conllevó algunas dificultades, por supuesto. Tal vez una de las más evidentes fue, respecto al colectivo en su conjunto, el cuidado que se procuró tener para no decepcionar sus posibles expectativas de expresión y reconocimiento. Y otra también, tanto para las personas profesionales como las que no lo eran, requirió el esfuerzo para no sobrecargarles con un trabajo no remunerado y adicional al que ya realizaban en sus diferentes roles dentro del proyecto. Fue difícil también encontrar los tiempos adecuados para presentar y mantener al corriente al grupo del planteamiento y desarrollo del trabajo de relatoría y, con los tiempos apresurados de la puesta en escena, esto ya se volvió prácticamente imposible.

Un dilema importante se produjo a raíz de la intención de hacer un relato no solo despacio sino también desde cerca, es decir, desde dentro. El tiempo de presencia en las actividades del grupo se fue alargando de manera casi imperceptible y esto repercutió en la necesidad de dejar de considerar una buena parte de este tiempo como trabajo profesional para pasar a asumirlo como aportación personal fuera del tiempo laboral. Algunas preguntas quedaron el aire con este planteamiento. ¿Es más o menos profesional excederse de lo laboral, implicarse personalmente y contar muchas horas no como empleo sino como trabajo relacional y de cuidados? En ese caso, ¿de qué profesionalidad estamos hablando, de una no implicada? Para esta última pregunta sí que tenemos respuesta y es claramente un no. No es posible un trabajo como el planteado desde la no implicación personal. ¿Cómo resolver a nivel económico este desborde de lo laboral por la implicación personal? Esta última pregunta, en cambio, sí que queda abierta para experimentar en futuras experiencias.

Y otra pequeña dificultad, relacionada con esto último, fue la de compaginar la participación como vecino-actor en los ensayos de la puesta en escena con la continuidad del trabajo de registro, documentación y relatoría del proceso. Demasiadas emociones fuertes como para mantener en todo momento ese extrañamiento adecuado y hasta necesario para realizar en condiciones un trabajo como éste.

tiempo y relatoria

Todos estos retos hemos intentando afrontarlos combinando nuestros aprendizajes en las disciplinas de la etnografía y la facilitación, jugando a mezclar la descripción de las relaciones entre las personas con el esfuerzo en ayudarles a conseguir los objetivos que se habían planteado. Esperamos haberlo conseguido en alguna medida.

Una posible conclusión final es que para hacer una relatoría de calidad parecería que hace falta ser parte del proceso del grupo. Nunca se puede contar desde fuera, siempre hay que hacerlo desde dentro aunque sea parcialmente. Y entonces se plantea el problema de cómo hablar desde un “nos-otras” que no sea un sujeto subalterno. Una pista podría ser pensar en cómo el propio grupo de teatro se ha lanzado a hablar en nombre del barrio sin serlo completamente, igual que la relatoría ha estado hablando en nombre del grupo sin serlo literalmente.

Enganchando los Hilos

Resaca emocional

Y yo que pensaba que no tenía comentarios dignos de ser compartidos en este blog y de repente hoy no paran de venirme ideas a esta cabeza que hoy está en ebullición. Así que voy a intentar hilvanarlas para poder compartirlas aquí. Espero que entendáis si me enrollo un poco.

***La Christy me dice que al lío ya y que me deje de tanta tontada. Y que si me enrollo o me repito o me trabuco, calladitos toos que así estáis tope guapos. Que hoy no tiene ganas de ponerse toa chunga***

Esta mañana me he levantado cansada, pero todavía con el subidón de ayer, con ganas de ver qué se había publicado en Facebook y me he encontrado con los vídeos que trasmitió en directo el C.S.C. Luis Buñuel. Realmente me he quedado literalmente enGanchada mirando los videos de las vecinas, el pregonero, las trabajadoras sociales… Videos que me han permitido ver una parte de la obra, que por estar actuando nos perdemos y realmente me ha sorprendido y me he vuelto a emocionar al ver a todos mis compas del teatro dándolo todo y como todo encaja a las mil maravillas en este escenario tan auténtico como es el barrio del Gancho.

Luego como todos los días de camino al trabajo, he pasado al lado de la Iglesia de San Pablo y me he parado a mirarla, pero hoy la he visto con otros ojos… y he mirado el barrio con mucho cariñito, pero también he mirado las calles sucias y los adoquines rotos con una perspectiva diferente. Hoy realmente he hecho un click y sé que a partir de hoy el Gancho ya ha pasado a ser para mí otro barrio, más mío. Y sí, lo reconozco, estoy infectada por la comunidad y realmente me siento Ganchera.

Ayer, más en especial que ningún día, disfruté muchísimo ya desde minutos antes que empezara la función, de hecho la Christy se apoderó de mí, mucho antes de que empezáramos a actuar y, desde el minuto que pisé la plaza del Oasis, me puse a interactuar con la gente que llegaba tarde buscando el lugar de partida; incluso con mis amigos habló la Christy y no yo. Y desde ahí ya supe que no la podía parar, que se me había metido el bicho y que todo iba a salir bien, pasara lo que pasara.
Solo hubo un momento en que realmente me puse un poquito nerviosa, cuando se acercaba la gente y era tanta gente, más de la que esperábamos… pero rápidamente la Christy volvió a tomar el mando y empecé a disfrutar mirando al público, sus caras de sorpresa, sus sonrisas, algunos emocionados, cada uno por diferentes motivos y otra vez más me volví a dar cuenta que el público me empodera y me hace darlo todo, disfrutando un montón y al parecer eso también les llega.

Y por eso hoy más que nunca me siento muy agradecida por los momentos mágicos que hemos vivido en estos días, momentos que quedarán para siempre en mi memoria.
Y es un agradecimiento a todos en general, a mis “compas” de teatro porque es un grupo genial, a todos los gremios que han colaborado con nosotros, regidores, técnicos, fotógrafos, vestuario y diseño, maquillaje, pero hoy quiero hacer un guiño especial a la peluquera… porque hubo peinados que me encantaron… la Christy estaba la mar de divina, ja, ja…

Hacer una mención especial a algunos de nuestros compas que no solo han colaborado actuando, sino también activamente en las comisiones de dramaturgía, música o vestuario o haciendo otras cosas, como programas de mano o relatoría.
También agradecer a todos esos vecinos que han sido tan valientes de dejarse entrevistar y decir lo que realmente piensan del barrio, sin pensar si plantearse si es políticamente correcto o no, porque realmente ayer ellos eran los protagonistas. Sé que algunos estaban allí ayer viendo la obra y se emocionaron al oír frases literales que ellos mismos habían dicho en labios de nuestros personajes. Y a Juan por haber sido capaz de hilvanar esas historias y plasmarlas en una obra y a la vez permitir que nuestros personajes se salgan un poquito a veces de ese guión y le den su propia forma.

Y muy especialmente quiero agradecer a estos “profes compis” de la Imaquinaria por haberse dejado inducir por su sueño, por hacer posible que estos momentos se hayan dado, por haber apostado por este proyecto, que cada día he ido valorando más y más por lo que significa, por haber creído en que todos podíamos hacerlo, por haber confiado en el caos (frase que tomo de Marta, porque… “Me encaaaaaanta”), y por tantas y tantas horas de esfuerzo y creación que le han dedicado. Porque eso se contagia y hace que todos nosotros demos lo mejor de nosotros mismos y que personas como yo que a veces nos cuesta el comprometer tanto tiempo de nuestros ratos de ocio se comprometieran como mínimo a venir todos los días al ensayo…

Pero, ¿qué es lo mejor de nosotros mismos? En estos días han salido conversaciones en el grupo que me han hecho pensar en que a menudo valoramos lo que aporta cada uno en función del tiempo que se le dedica… ¿o no?… porque yo creo que cada uno aporta en la medida que puede o a veces quiere y eso no hace a nadie más valioso ni más ni menos, ya que cada uno aporta un valor al grupo distinto y único, incluso los que en estos momentos no están aquí siguen teniendo su hueco en este entramado y siempre lo tendrán, nadie sustituye a nadie sino que añade un valor nuevo y eso hace a este grupo tan grande y enriquecedor, ya que todos formamos parte de “esa inmensa malla en la que me duele si te pierdo”.

Por otro lado, ayer nos preguntaron en el coloquio que cómo nos había trasformado esta obra o nuestro papel en ella. Y me vinieron varias ideas pero hoy me ha venido una alta y clara. Este mes ha sido un mes complicado personalmente y tengo que decir que para mí la Christy ha tomado un papel protagonista muchas veces que le ha ayudado a Rosa a desdramatizar algunas situaciones y a mirar las cosas desde una perspectiva mucho más sencilla. Por eso quiero agradecer a la Christy y al Teatro Comunitario por permitirme descubrir una parte más de mí que permanecía dormida o escondida.
Ayer fue un día mágico de esos que quedará grabado en mi recuerdo con letras mayúsculas. Y que un día más doy gracias a todos por ayudarme a sentirme más ATADA A LA VIDA SIN MIEDO.

***Buahhh prima! La Christy me dice que corte el rollo ya, que esto es infumable y que no lo va leer ni Cristo, así que corto y cierro! Pssss!***

Una vecina-actriz

La meta es el camino

¡Nos acercamos a la meta! El domingo 30 de septiembre, algunas de vosotras disfrutaréis por primera vez de “La hierba siempre volverá”. Y digo algunas y por primera vez, porque muchas otras personas ya os habéis ido empapando de lo que es esta obra, de lo que es el Teatro Comunitario y habrá otra gente que irá llegando en el futuro.

Este camino comenzó en Zaragoza gracias a La Imaquinaria, a su pasión por el teatro y a su convicción de que otro mundo es posible. Un proyecto pionero a nivel estatal, que se basaba en dos ideas: la primera, que el arte mejora nuestra calidad de vida y la de nuestra comunidad; y la segunda, que todas las personas somos seres creativos. Desde ese tiempo muchas hemos sido las personas que nos hemos unido al Grupo de Teatro Comunitario del Gancho en el centro social comunitario Luis Buñuel. Muchas han sido las dinámicas, los juegos, las canciones, las risas, los lloros y los abrazos compartidos. Y así, andando el camino, aquí estamos: unas 40 vecinas-actrices y vecinos-actores, grupo intergeneracional y abierto preparando una obra de teatro. No sé cuántas de nosotras habíamos imaginado que algo así pasaría en nuestra vida. Sinceramente, no creo que muchas.

La honesta senda de “La hierba siempre volverá” empezó hace aproximadamente un año y con ella llegaron las comisiones de dramaturgia, música, vestuario, maquillaje y programa-fanzine, grupos de trabajo voluntarios y bien organizados. En el último año se han entrevistado a unas 25 personas del Gancho, lo que en total suma unas 50h de entrevistas, escuchando historias de siempre, como el Gancho, cuentos agridulces, como el barrio; relatos esperanzadores, como el barrio; historias diversas, como el barrio; realidades comprometidas, como el barrio; crónicas festivas, como el barrio… En el último año nos hemos lanzado a la piscina con escenas surrealistas y personajes estirados. En el último año hemos compuesto canciones y pintado ropajes. En el último año nos hemos puesto y quitado máscaras de emociones para, poco a poco, a través del teatro ir sintiendo en y la comunidad.

Una familia que no acaba aquí, sino que seguirá creciendo, como la hierba. Porque, este proceso, no es solo la obra que estrenaremos el domingo. De hecho, el estreno ya ha sido, ¡está sucediendo y, compañeras, compañeros, está siendo un éxito! Nos hemos contagiado de la comunidad y nos ha hecho no solo soñar con algo cambiar, sino hacerlo realidad. ¡Enhorabuena! Enhorabuena y gracias. Gracias por hacerlo posible. Gracias sobre todo a Eva, Marta, Seba y Vir, La Imaquinaria, por lanzarse con este proyecto de arte y transformación social. Gracias a Juan por involucrarse hasta la médula. Gracias a las camaradas de las diversas comisiones que han dispuesto su tiempo y energías para hacer que esto vaya adelante. Gracias a David y Elena por sus composiciones y su música. Gracias a Raquel por el currazo con el vestuario y a Nacho por la estética. Gracias a Josele por el maquillaje. Gracias a Chabi y Víctor por recoger todo esto con pruebas gráficas. Gracias a Félix por llevar a cabo este blog, hacernos partícipes de él y reunir testimonios variopintos. En fin, GRACIAS porque, entre todas, esta obra, este proyecto, esta utopía es ya una REALIDAD. Y con ella seguiremos andando porque cada paso es ya la meta, es ya un mundo más amable para los seres que en él convivimos. Sí, familia, estamos andando la meta.

“Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo” E. Galeano

Una vecina-actriz