Ignacio Fortún: “Esta obra sitúa al espectador ante un espectáculo visual y reflexivo sobre el entorno en el que está”

Ignacio Fortún es un pintor, dibujante, muralista, grabador, poeta, escenógrafo… de Zaragoza, con una trayectoria artística de más de 30 años. Su lugar destacado en la pintura contemporánea aragonesa se vio confirmado con la exposición retrospectiva que realizó en La Lonja durante las fiestas del Pilar del año 2017. En “La hierba siempre volverá” ha colaborado aportando una visión estética global al proyecto.

En tu página web te defines como un artista muy interesado por el paisaje, tanto por el paisaje silvestre como por el urbano. ¿Qué impresión crees que este espectáculo ofrece del paisaje urbano del Gancho?

Ofrece la pura realidad, porque la escenografía de este espectáculo es la pura realidad. Quizás lo que aporta para entender esa realidad es que sitúa al espectador en ella con una actitud más receptiva, de manera que descubra aspectos de esa realidad que no podría ver si transitara por ella de una manera más rutinaria. Esta obra sitúa al espectador ante un espectáculo visual y reflexivo sobre el entorno en el que está.

También has dedicado buena parte de tu pintura a la figura humana, pero de una forma bastante particular. Desde tu punto de vista, ¿cómo son las figuras humanas de los personajes de esta obra?

Lo primero que destacaría es que son figuras que están dentro de una estética realista, creíble, que responde a las características sociales de los personajes que representan. Pero también, al mismo tiempo, se ha intentado a partir del vestuario que los personajes tuvieran una luz propia, que destacaran sobre el resto como si tuvieran un foco que los ilumina. Eso es algo que se ha buscado a través del maquillaje y de los colores que se han hecho corresponder a cada grupo de personajes. Es un vestuario que podría salir de la calle pero, en conjunto, forma una composición plástica y de armonía de colores. El tratamiento del color lo hemos usado como si compusiéramos un cuadro. Cada actor sería como una mancha que, a través de lo que llamamos los retablos, las composiciones grupales, es como si formaran un cuadro. Además, cada grupo de actores presenta unas gamas cromáticas determinadas que tienen que ver a su vez con una sensación visual porque todos los colores tienen la capacidad de transmitir sensaciones.

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Entrando un poco al detalle, ¿en qué ha consistido tu participación en la creación de “La hierba siempre volverá?

La premisa de la que partí con las primeras lecturas del texto es que éste es un espectáculo que tiene lugar en la calle y que, por tanto, hay que centrar la atención hacia la acción, hay que darle al actor una luz propia en su vestuario. A partir de ahí, yo planteé que el trabajo de vestuario consistiera en crear gamas cromáticas en función de los diferentes grupos de personajes o de acciones que hay en la obra, trabajándolas como si fueran una escala de colores junto a la diseñadora, Raquel, que hizo también aportaciones sobre algunos personajes y el color que le había asignado. A partir de ahí, toda esta idea fue asimilada por la parte del trabajo de vestuario que ha realizado Raquel. Al principio, mi idea era que el vestuario tuviera un aspecto menos ligado a la fisionomía urbana del barrio, que pareciera que los personajes formaban parte de un lugar más inconcreto, con un tratamiento más abstracto. Pero al final, después de todas las reuniones que tuvimos, tomamos la decisión de ir hacia un vestuario más cercano a la realidad y entonces se tomó plenamente la idea del color como cuestión principal. Yo vengo del mundo de la plástica y creo que aporto una idea un poco en bruto. Entonces es cuando Raquel y la dirección de la obra va encajando ese material en bruto en el proyecto, va viendo sus posibilidades, lo va haciendo factible tanto económicamente como en cuestión de tiempos y medios.

¿De qué manera ha podido aportar una mirada externa como la tuya a un proceso como éste que aspira a una fuerte implicación tanto de las personas como con el territorio?

En muchos proyectos se hace así. Por ejemplo, en un proyecto literario, un escritor puede consultar con otra persona completamente ajena para conocer sus impresiones sobre lo que está comenzando a preparar. Una persona que viene de fuera y no ha estado implicado desde el principio es capaz de aportar una frescura que tal vez le puede faltar al grupo que está volcado en la creación de la obra, Por un lado es un agente extraño y, por otro lado, enriquece porque se fija en aspectos que la otra parte no vería o tardaría más en ver.

En el fondo, una visión estética como la que tú propones, ¿puede entenderse al margen de una visión política, de la transformación social?

Desde mi punto de vista, el trabajo creativo siempre está vinculado a una mirada de la realidad contemporánea que vives y el trabajo pictórico es fruto de una comprensión y de una forma de contestar a determinadas situaciones. La cuestión es crear con la pintura unas preguntas, unas llamadas, unas reflexiones que tienen que ver con lo social y, por tanto, con lo político. A lo largo de estos año he pintado paisajes causados por la dejación política, desiertos, al hombre en las estaciones de tránsito como metáfora de un tránsito de vida, de un lugar de búsqueda… Todo mi trabajo, de una forma intuitiva o espontánea, ha sido alimentado por lo social, por lo real. Todo parte de una reflexión de aquello que te rodea. Y en este caso, con esta obra de teatro, sería parecido. Se trata de que, a través de un tratamiento plástico del color y la luz, el espectador detenga su mirada sobre una escena. Es ayudar a que se centre una mirada, a que no se disperse, como poner un foco en una sala de teatro, que la relación del espectador con los personajes sea los más inmediata posible. Y todo esto para conseguir que el texto, que es lo fundamental en el teatro y donde está su carga política, llegue de manera más directa.

Háblanos un poco de lo que te ha parecido el teatro comunitario, ¿lo conocías ya antes?, ¿qué te ha llamado más la atención de él?

No lo conocía, y lo que más me ha llamado la atención ha sido su capacidad de organización y de trabajo, su capacidad de contagiar e implicar a la gente del grupo, de conseguir que se sintieran parte creativa del proceso, no solo unos meros actores. Me ha impresionado el resultado final, la dirección y el trabajo de guión. Es una forma de que se genere en la calle alguna forma una transformación. No es solo teatro en la calle sino que genera en el propio vecindario unos cambios importantes, es algo que saca de una rutina para valorar esos lugares y calles donde se vive.

Y por último, ¿qué le dirías a alguien que nunca ha oido hablar de “La hierba siempre volverá” para animarle a ver una de sus representaciones?

Fundamentalmente que vaya a la calle y que se deje sorprender, que vea que es un trabajo que parte de una realidad social y comunitaria. Es difícil pensar en cómo contagiar a alguien, la forma podría ser decirle que lo que va a ver es algo extraordinario en la ciudad, que detrás hay un trabajo extraordinario. Es una experimentación. Es acudir a una acción en la calle en la que se genera una experimentación entre la acción teatral y el público.

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