¡Larga vida para La Hierba!

Y como todo lo que está hecho de amor y chorreando ilusión, llega un momento que adquiere vida propia. Así ha sucedido con la obra de teatro más ganchera que nunca existió. Ya no es nuestra, ahora ya vuela con alas propias.

Ha sido tan bonito participar, ayudarla un poquito a nacer, que ahora que se ha hecho mayor y tiene una gran personalidad cuesta dejar que se vaya.

Probablemente vuelva. Estoy segura que se va a resistir a caer en el olvido, pero ayer la vimos tan linda que nos dio una sensación conocida entre la alegría y un poco de tristeza entremezcladas.

¡Que tengas larga vida Hierba!

Una vecina-actriz

hierba 02 06 2019

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Emoción, aplausos y alguna lágrima

Me propusieron en el taller de escritura creativa al que asisto que escribiera sobre un personaje y que crease un pequeño relato sobre él.
Pensé en Julián, el alma del Buñuel. No sé nada de su vida pero tampoco me importa cuando estoy con él. Me hace sentir ternura y seguridad. Es un gran compañero del teatro. Es grande y tiene una hermosa panza. Su larga barba y sus quevedos no dejan ver sus facciones. Tiene el pelo largo, en concordancia, y la cocorota pelona. ¡Ay sus manos! Son regordetas, agrietadas, llenas de vida. Viste amplias camisetas, pantalones de chándal y calcetines tobilleros. Su ordenador y su móvil forman parte de él. Me recuerda a un anacoreta bajado de recónditas montañas o quizás a un hippie trasnochado.

Estos días andamos como locos en teatro. Volvemos a estrenar “La hierba siempre volverá”, nuestra obra. Hoy le tocaba ensayar a Julián y a nuestra pequeña y gran actriz Lasha. A Julián lo vimos cansado y despistado. Cuando llegó el momento, cogió una silla, se la puso junto a la pared y respiró hondo.
Sebas, nuestro profe, le preguntó: ¿Estás bien? Él contestó: sí, claro, ¿por?
Dani, el bonachón, murmuró: ¡Es mucho papel para él!
Lo hará bien, dije yo. Y él hizo el gesto de la victoria.
A medida que avanzaba el ensayo de la obra, cada vez lo hacía mejor.
Una compi decía: Éste se ha fumado algo. Y otra respondía: ¡Qué burra eres!
Llegó el final y Lasha no aparecía. Marta, su profe, con cara de desconcierto y preocupación, nos decía: No puede ser, si he ensayado con ella. Y Eva añadía: Es la más bonica.
Cuando Marta estaba a punto del sollozo se oyó una vocecita detrás de la silla de Julián. Era Lasha: Estoy aquí, es que como está mayor, le he chivado el texto. Julián se quitó sus gafas. Pudimos ver sus hermosos ojos verdes. Hubo aplausos, alguna lágrima y comentarios.
¡Picarón! ¡Cómo nos has engañado!
Sebas, en su rol de profe serio, cogió el megáfono: A continuar, esto tiene que acabar.
Julián y Lasha se cogieron de la mano y antes de acabar, con voz clara, Lasha dijo: Esta vez seguro que Julián se sabe muy bien lo que tiene que decir.
Así acabó uno de nuestros locos y maravillosos ensayos.

Esto lo escribí antes de que representáramos de nuevo la obra. Por supuesto que Julián se supo su papel, al igual que todos mis compañeros. Fue un engranaje perfecto.
Ese día me emocioné y lloré, pero mis lágrimas eran de alegría, de orgullo y agradecimiento por pertenecer a esta gran familia teatrera.

Una vecina-actriz

La Hierba ha vuelto

Nuestro espectáculo se llama “La Hierba Siempre Volverá”, así que era lógico que volviésemos a tomar las calles para representarlo otra vez.

Han pasado varios meses desde que el Gancho nos prestó su paisaje para que lo usáramos a modo de teatro y queríamos repetir.

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En todo este tiempo ha habido algunos cambios, se han incorporado nuevas personas a nuestro grupo cada vez más grande y debíamos hacerles un hueco para que pudieran disfrutar de una experiencia que no se puede explicar con palabras y todas y cada una han respondido involucrándose como si hubieran estado desde el primer día.

También hemos tenido algunas bajas, ya que aunque el Teatro se ha convertido en una parte muy importante de nuestras vidas, no es la única y hay compromisos que te impiden poder estar disponible a tiempo completo… Pero aun así, algunas de estas personas que ahora no han actuado han podido venir como público para disfrutar La Hierba desde otra perspectiva.

Otra de las cosas que va cambiando es nuestra manera de afrontar la actuación, cada vez estamos más seguras y más cómodas en nuestros personajes, lo que le va dando poco a poco mayor coherencia al conjunto y eso se nota desde fuera.

Algo que siempre cambia en el teatro es el público y eso que son muchas personas las que ya nos han visto en más de una ocasión, pero la obra tampoco es siempre la misma, está viva, como el público, que nunca falla, está pendiente de todo lo que ocurre, no pierde ningún detalle, interactúa con nosotras, nos presta sus sonrisas, a veces también sus lágrimas de emoción… y nos aplaude, algo que nos hace sentirnos en un teatro, aunque no estemos en uno.

También el Gancho cambia, no es que en estos pocos meses se haya transformado, pero es posible que sí a nuestros ojos, tal vez somos más conscientes de lo que nosotras mismas estamos contando en la obra, tal vez cada ocasión en la que volvemos a recorrer sus calles nos damos cuenta de alguna otra cosa de la que no nos habíamos percatado, tal vez estamos aportando nuestro pequeño granito de arena.

Ahora nos queda esperar a ver si La Hierba Siempre Volverá… yo espero que sí, que de alguna manera, cada cierto tiempo, podamos volver a tomar las calles y reivindicar un barrio en el que no va a cambiar nada a la vez que todo cambia.

Un vecino-actor

Lo mejor es ser libre. Las niñas y niños también hacen teatro

Hicimos tres preguntas a algunas de las niñas y niños que participan en el Teatro Comunitario del Gancho y éstas fueron sus respuestas:

En Teatro Comunitario…

“hacemos muchas obras que después representamos en la calle” (Alma)

“lo principal es que nos lo pasamos bien, practicamos obras, hacemos actuaciones, disfrutamos, hacemos juegos, nos divertimos” (Iris)

“aprendemos a no ser tan tímidos porque con las obras de teatro que hacemos en público ya no somos tan tímidos” (Radu)

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“La hierba siempre volverá” trata de…

“que se cierran partes del barrio y nosotros intentamos resolverlo, más o menos” (Radu)

“que están cerrando las calles del barrio y hay un montón de gente extraña que está observando” (Ana)

“que nosotros somos unos niños que vamos investigando sobre cómo, cuándo y por qué se está cerrando el barrio y entonces dudamos sobre si está bien cerrarlo” (Cristian)

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Lo que más me gusta del Teatro Comunitario es…

“cantar y jugar a mogollón de juegos…, todo…, cantar y bailar” (Lizara)

“que conocemos gente nueva” (Iris)

“que tú eres libre de aprender lo que tú quieras, que puedes elegir la forma que tú quieras de ser el personaje” (Cristian)

Sobre la relatoría

A través del blog Enganchando los Hilos hemos ido tejiendo un relato del proceso de creación de “La hierba siempre volverá”. Nuestra intención ha sido ir contando este proceso respetando en lo posible el itinerario que iba recorriendo la propia obra aunque sabiendo que siempre avanzábamos un poco por detrás de lo que estaba sucediendo realmente. Para eso hemos seguido una ruta que comienza con la elaboración del texto o dramaturgia, continúa con la puesta en escena y tiene su etapa final en las representaciones de la obra. Y es que sabíamos también que queríamos relatar con cuidado y, para eso, teníamos que hacerlo despacio.

En relación a esto de relatar despacio, hemos aprendido bastante sobre la importancia de tener en cuenta el paso del tiempo para realizar bien un trabajo como éste. En muchas ocasiones resultaba imposible documentar algo que estaba sucediendo en ese preciso instante o bien que parecía en ese momento irrelevante, pero al pasar los días y ejercitar el recuerdo brotaba en la memoria aquello que no había podido ser anotado en su momento o que, tiempo después, aparecía como muy relevante.

Además, se nos planteaba el reto de intentar hacer al mismo tiempo dos tareas que podrían parecen incompatibles pero que pensamos que se necesitan una a la otra.
La primera era visibilizar, es decir, mostrar el proyecto hacia fuera. Sobre todo con la intención de parecer replicables, de motivar y animar a otras gentes y barrios que podrían estar pensando en emprender un proyecto de teatro comunitario.
La segunda, en cambio, era construir una mirada más interna, ir armando una visión del proceso que estuviera dirigida también hacia dentro, que facilitara el que los diferentes agentes que participamos en esta aventura pudiéramos compartir nuestras aprendizajes, valoraciones y preocupaciones. Pensamos que esto nos podría ayudar a encarnar en nuestro día a día los valores de inclusión y transformación que impulsan el teatro comunitario. Transformarnos nosotras para transformar nuestro entorno. Y viceversa.

La responsable de sacar adelante esta relatoría ha sido una de las profesionales de Atelier de Ideas S.Coop. Para su realización han sido imprescindibles una serie de textos y trabajos previos que vale la pena resaltar. Uno de ellos fue la tarea de relatoría realizada anteriormente en el proyecto del festival de danza Trayectos La Máquina de Bailar, para el que ya se citaron algunos textos previos muy enriquecedores. Sirvió también de valioso contraste y fuente de interesantes sugerencias una relatoría ajena pero realizada también en torno a un proceso teatral. Se trata del proyecto Dirty Room de Juan Domínguez y Victoria Pérez Royo. Otra guía, ética y metodológica, fue la proporcionada por las reflexiones presentadas por Atelier de Ideas S.Coop en las últimas jornadas de Sociología Ordinaria a partir de su experiencia en el proyecto Cartografía de la Vida Cotidiana de Guadalaviar (en este enlace a partir de 2:56:30). Y también, a última hora, encontramos y nos encantó la manera de relatar su proceso por parte de las responsables de la investigación altoaragonesa titulada Tócate Mucho.

Otra cuestión importante ha sido que este trabajo de relatoría ha intentado desde el principio contaminarse de la dinámica del propio del grupo, por ejemplo haciendo lo más colectiva posible cada tarea o siguiendo el criterio de enseñar sin pudor los “descosidos” de nuestra ropa.
Por eso todos los textos presentan una autoría anónima o colectiva aunque en muchos de ellos han participado o han sido escritos directamente por muchas personas del grupo como Alicia, Dani, Esperanza, Feni, Maribel, Pilar, Rosa, Virginia… a todas ellas nos gustaría mostrar desde aquí nuestra admiración y agradecimiento.

En este mismo sentido de procurar que el trabajo de la relatoría pudiera llegar a ser sentido como propio por el grupo en su conjunto, se siguió con todo rigor el criterio de nunca publicar un texto de o sobre alguien sin que esa persona o personas conocieran su versión definitiva y le dieran su visto bueno.

Todo esto conllevó algunas dificultades, por supuesto. Tal vez una de las más evidentes fue, respecto al colectivo en su conjunto, el cuidado que se procuró tener para no decepcionar sus posibles expectativas de expresión y reconocimiento. Y otra también, tanto para las personas profesionales como las que no lo eran, requirió el esfuerzo para no sobrecargarles con un trabajo no remunerado y adicional al que ya realizaban en sus diferentes roles dentro del proyecto. Fue difícil también encontrar los tiempos adecuados para presentar y mantener al corriente al grupo del planteamiento y desarrollo del trabajo de relatoría y, con los tiempos apresurados de la puesta en escena, esto ya se volvió prácticamente imposible.

Un dilema importante se produjo a raíz de la intención de hacer un relato no solo despacio sino también desde cerca, es decir, desde dentro. El tiempo de presencia en las actividades del grupo se fue alargando de manera casi imperceptible y esto repercutió en la necesidad de dejar de considerar una buena parte de este tiempo como trabajo profesional para pasar a asumirlo como aportación personal fuera del tiempo laboral. Algunas preguntas quedaron el aire con este planteamiento. ¿Es más o menos profesional excederse de lo laboral, implicarse personalmente y contar muchas horas no como empleo sino como trabajo relacional y de cuidados? En ese caso, ¿de qué profesionalidad estamos hablando, de una no implicada? Para esta última pregunta sí que tenemos respuesta y es claramente un no. No es posible un trabajo como el planteado desde la no implicación personal. ¿Cómo resolver a nivel económico este desborde de lo laboral por la implicación personal? Esta última pregunta, en cambio, sí que queda abierta para experimentar en futuras experiencias.

Y otra pequeña dificultad, relacionada con esto último, fue la de compaginar la participación como vecino-actor en los ensayos de la puesta en escena con la continuidad del trabajo de registro, documentación y relatoría del proceso. Demasiadas emociones fuertes como para mantener en todo momento ese extrañamiento adecuado y hasta necesario para realizar en condiciones un trabajo como éste.

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Todos estos retos hemos intentando afrontarlos combinando nuestros aprendizajes en las disciplinas de la etnografía y la facilitación, jugando a mezclar la descripción de las relaciones entre las personas con el esfuerzo en ayudarles a conseguir los objetivos que se habían planteado. Esperamos haberlo conseguido en alguna medida.

Una posible conclusión final es que para hacer una relatoría de calidad parecería que hace falta ser parte del proceso del grupo. Nunca se puede contar desde fuera, siempre hay que hacerlo desde dentro aunque sea parcialmente. Y entonces se plantea el problema de cómo hablar desde un “nos-otras” que no sea un sujeto subalterno. Una pista podría ser pensar en cómo el propio grupo de teatro se ha lanzado a hablar en nombre del barrio sin serlo completamente, igual que la relatoría ha estado hablando en nombre del grupo sin serlo literalmente.

Enganchando los Hilos

Ignacio Fortún: “Esta obra sitúa al espectador ante un espectáculo visual y reflexivo sobre el entorno en el que está”

Ignacio Fortún es un pintor, dibujante, muralista, grabador, poeta, escenógrafo… de Zaragoza, con una trayectoria artística de más de 30 años. Su lugar destacado en la pintura contemporánea aragonesa se vio confirmado con la exposición retrospectiva que realizó en La Lonja durante las fiestas del Pilar del año 2017. En “La hierba siempre volverá” ha colaborado aportando una visión estética global al proyecto.

En tu página web te defines como un artista muy interesado por el paisaje, tanto por el paisaje silvestre como por el urbano. ¿Qué impresión crees que este espectáculo ofrece del paisaje urbano del Gancho?

Ofrece la pura realidad, porque la escenografía de este espectáculo es la pura realidad. Quizás lo que aporta para entender esa realidad es que sitúa al espectador en ella con una actitud más receptiva, de manera que descubra aspectos de esa realidad que no podría ver si transitara por ella de una manera más rutinaria. Esta obra sitúa al espectador ante un espectáculo visual y reflexivo sobre el entorno en el que está.

También has dedicado buena parte de tu pintura a la figura humana, pero de una forma bastante particular. Desde tu punto de vista, ¿cómo son las figuras humanas de los personajes de esta obra?

Lo primero que destacaría es que son figuras que están dentro de una estética realista, creíble, que responde a las características sociales de los personajes que representan. Pero también, al mismo tiempo, se ha intentado a partir del vestuario que los personajes tuvieran una luz propia, que destacaran sobre el resto como si tuvieran un foco que los ilumina. Eso es algo que se ha buscado a través del maquillaje y de los colores que se han hecho corresponder a cada grupo de personajes. Es un vestuario que podría salir de la calle pero, en conjunto, forma una composición plástica y de armonía de colores. El tratamiento del color lo hemos usado como si compusiéramos un cuadro. Cada actor sería como una mancha que, a través de lo que llamamos los retablos, las composiciones grupales, es como si formaran un cuadro. Además, cada grupo de actores presenta unas gamas cromáticas determinadas que tienen que ver a su vez con una sensación visual porque todos los colores tienen la capacidad de transmitir sensaciones.

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Entrando un poco al detalle, ¿en qué ha consistido tu participación en la creación de “La hierba siempre volverá?

La premisa de la que partí con las primeras lecturas del texto es que éste es un espectáculo que tiene lugar en la calle y que, por tanto, hay que centrar la atención hacia la acción, hay que darle al actor una luz propia en su vestuario. A partir de ahí, yo planteé que el trabajo de vestuario consistiera en crear gamas cromáticas en función de los diferentes grupos de personajes o de acciones que hay en la obra, trabajándolas como si fueran una escala de colores junto a la diseñadora, Raquel, que hizo también aportaciones sobre algunos personajes y el color que le había asignado. A partir de ahí, toda esta idea fue asimilada por la parte del trabajo de vestuario que ha realizado Raquel. Al principio, mi idea era que el vestuario tuviera un aspecto menos ligado a la fisionomía urbana del barrio, que pareciera que los personajes formaban parte de un lugar más inconcreto, con un tratamiento más abstracto. Pero al final, después de todas las reuniones que tuvimos, tomamos la decisión de ir hacia un vestuario más cercano a la realidad y entonces se tomó plenamente la idea del color como cuestión principal. Yo vengo del mundo de la plástica y creo que aporto una idea un poco en bruto. Entonces es cuando Raquel y la dirección de la obra va encajando ese material en bruto en el proyecto, va viendo sus posibilidades, lo va haciendo factible tanto económicamente como en cuestión de tiempos y medios.

¿De qué manera ha podido aportar una mirada externa como la tuya a un proceso como éste que aspira a una fuerte implicación tanto de las personas como con el territorio?

En muchos proyectos se hace así. Por ejemplo, en un proyecto literario, un escritor puede consultar con otra persona completamente ajena para conocer sus impresiones sobre lo que está comenzando a preparar. Una persona que viene de fuera y no ha estado implicado desde el principio es capaz de aportar una frescura que tal vez le puede faltar al grupo que está volcado en la creación de la obra, Por un lado es un agente extraño y, por otro lado, enriquece porque se fija en aspectos que la otra parte no vería o tardaría más en ver.

En el fondo, una visión estética como la que tú propones, ¿puede entenderse al margen de una visión política, de la transformación social?

Desde mi punto de vista, el trabajo creativo siempre está vinculado a una mirada de la realidad contemporánea que vives y el trabajo pictórico es fruto de una comprensión y de una forma de contestar a determinadas situaciones. La cuestión es crear con la pintura unas preguntas, unas llamadas, unas reflexiones que tienen que ver con lo social y, por tanto, con lo político. A lo largo de estos año he pintado paisajes causados por la dejación política, desiertos, al hombre en las estaciones de tránsito como metáfora de un tránsito de vida, de un lugar de búsqueda… Todo mi trabajo, de una forma intuitiva o espontánea, ha sido alimentado por lo social, por lo real. Todo parte de una reflexión de aquello que te rodea. Y en este caso, con esta obra de teatro, sería parecido. Se trata de que, a través de un tratamiento plástico del color y la luz, el espectador detenga su mirada sobre una escena. Es ayudar a que se centre una mirada, a que no se disperse, como poner un foco en una sala de teatro, que la relación del espectador con los personajes sea los más inmediata posible. Y todo esto para conseguir que el texto, que es lo fundamental en el teatro y donde está su carga política, llegue de manera más directa.

Háblanos un poco de lo que te ha parecido el teatro comunitario, ¿lo conocías ya antes?, ¿qué te ha llamado más la atención de él?

No lo conocía, y lo que más me ha llamado la atención ha sido su capacidad de organización y de trabajo, su capacidad de contagiar e implicar a la gente del grupo, de conseguir que se sintieran parte creativa del proceso, no solo unos meros actores. Me ha impresionado el resultado final, la dirección y el trabajo de guión. Es una forma de que se genere en la calle alguna forma una transformación. No es solo teatro en la calle sino que genera en el propio vecindario unos cambios importantes, es algo que saca de una rutina para valorar esos lugares y calles donde se vive.

Y por último, ¿qué le dirías a alguien que nunca ha oido hablar de “La hierba siempre volverá” para animarle a ver una de sus representaciones?

Fundamentalmente que vaya a la calle y que se deje sorprender, que vea que es un trabajo que parte de una realidad social y comunitaria. Es difícil pensar en cómo contagiar a alguien, la forma podría ser decirle que lo que va a ver es algo extraordinario en la ciudad, que detrás hay un trabajo extraordinario. Es una experimentación. Es acudir a una acción en la calle en la que se genera una experimentación entre la acción teatral y el público.

Enganchando los Hilos

Resonancias diversas. Aportaciones del público

El 30 de septiembre estrenamos nuestra obra dentro del marco del festival Zaragoza Escena. Cuando terminó, la sede de la Asociación Vecinal Lanuza-Casco Viejo nos acogió para mantener un breve coloquio entre vecinas-actrices y público asistente, introducido y moderado por Arantza Enríquez.

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Aquí dejamos algunos fragmentos de las intervenciones de personas del público que se produjeron en ese coloquio. En este caso, nosotras escuchábamos y el público hablaba en voz alta. Entre los fragmentos, hemos colocado algunas fotografías de la representación realizadas por nuestro amigo Javier Roche.

“Yo querría preguntar por la elección del lugar donde hemos empezado, porque me parecían muy bonitos esos edificios y nunca me había fijado antes.”

“Como público se agradece mucho que todos los personajes tienen como su vuelta, que no son simples. Yo estuve en aquella primera actuación en la plaza Santo Domingo, y también vivo en el barrio, soy de las neohabitantas (risas). Y desde aquella primera actuación ya había como ciertos perfiles porque al final es lo que pasa en el barrio, pero se ha enriquecido muchísimo. Y bueno, pues te hace pensar. Me parece que cuando se lleva a lo cómico a veces se quedan los estereotipos muy aislados y aquí eso no pasa.”

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“La verdad es que sí que creo que se debe mantener un diálogo con ambas partes porque entre medio estamos los que no estamos ni en un sitio ni en otro, sencillamente queremos convivir, convivir tranquilamente. Porque aquí se convive día a día con una problemática que sería absurdo negar. Entonces en algún momento tendrá que haber unas actuaciones más tendentes a Las Armas y otras actuaciones más tendentes a lo otro, pero tiene que haber un diálogo. Habrá veces que habrá que intervenir de otra forma que no sea el diálogo, eso es una evidencia. Es que el problema del que estábamos hablando es de droga, de prostitución, de pobreza extrema. Por ejemplo, un momento que a mí me ha emocionado mucho, es cuando estabais cantando en la esquina, en el balcón, y se estaban diciendo unas cosas tan duras, tan duras… Era algo realmente desgarrador pero lo habéis introducido perfectamente en un momento cómico. Está claro que esto era necesario. No sé quién tendrá que mediar pero todos tenemos voz, y en esta obra sí que han habido muchas voces. Aquí tenemos que convivir gente que hemos vivido toda la vida, yo llevo viviendo toda la vida en este barrio, con gente que viene ahora, que tiene otras ilusiones o que está abriendo otras puertas.”

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“En relación con esto que decís, una palabra importante para el teatro comunitario es transformar, ¿no? ¿Cómo os habéis sentido transformadas vosotras y vosotros en este proceso? ¿Os habéis transformado?”

“Conozco a otras personas que también fueron entrevistadas y que compartieron también lo que habían dicho y yo lo he visto en la obra y he reconocido algunas palabras mías, y se me pone la piel de gallina. Sobre todo creo que es una experiencia muy emocional. En todos los barrios pasan cosas pero creo que aquí está todo a la vista, y lo que habéis puesto, esta contribución por parte del teatro comunitario, tiende a visibilizarlas aún más, a colectivizarlas más, a hacerlas más comunes. Entonces creo que todo ese recorrido, como cantabais, nos da inmunidad, nos sube las defensas.”

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“Hay una frase que resume lo que habéis hecho, cuando el diseñador le dice a los niños que no se lo lleven a lo personal. Una obra de teatro, el arte, te puede provocar mil reacciones, y la frase que me salía es que esto no es personal, es colectivo. O no es personal, es político. A mí eso me ha resonado mucho. Seguro que a otras personas les han resonado otras cosas y creo que es parte de la riqueza del arte, que puede provocar resonancias diversas y a veces incluso quienes lo habéis creado no las queríais provocar.”

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